miércoles, 26 de febrero de 2014

Relato: El rastro


Doug lanzó un escupitajo mientras observaba las huellas del suelo, para a continuación mirar al viejo edificio que había junto a la carretera, uno de los que los antiguos usaban como taberna o similar. Señaló al lugar con la escopeta que portaba

-Se han metido ahí. Son tres. Uno de ellos es una chica, otro es zurdo, el último tiene algún tipo de enfermedad.

El joven que estaba a su lado abrió la boca asombrado. Era un chico de unos dieciséis años, alto y fuerte, con una cara redonda y una mirada un poco atontada. Vestía ropas que habían tenido que remendarse en múltiples ocasiones y portaba un pequeño cuchillo en una mano.

-¿Has sabido eso sólo por las huellas? Joder, sí que eres bueno.

-Y además que ella es rubia y ha tenido dos hijos, y el zurdo no es de esta zona del Páramo, viene del este. Por no hablar… 

Le interrumpió una pequeña piedra le impactó en el pecho.

-Deja de trolear al piltrafa -el que habló fue quien le lanzó la piedra. Era un hombre curtido, con una barba rubia y una chaqueta con protecciones de cuero, que portaba una espada en un cinto y una pistola en la mano derecha-. Dentro de poco le contarás que tiras rayos por el bul y se lo creerá. A ver chico, la última vez que Doug se puso a rastrear a un martinejo acabamos en medio de un grupo de chalados caníbales. Si de verdad acierta que son tres ya es para darnos con un canto en los piños.

-Garth, eres un auténtico coñazo, sólo estaba entreteniendo al ninchi, ¿verdad? -acabó la frase dándole un pequeño codazo al joven.

-Mmmmm, sí -aún parecía estar dándose cuenta de que Doug había estado quedándose con él.

El tal Garth se adelantó y puso una mano sobre la frente para taparse del sol y poder observar mejor el edificio.

-Si esperamos a la banda es probable que se piren antes. ¿Estás seguro al menos de que son tres?

-Las huellas son muy claras, hasta un pocho sería capaz de descifrarlas.

-Ya, pero desgraciadamente no tenemos a un pocho con nosotros.

Doug respondió a eso mostrándole su dedo índice.

Garth avanzó arrastrándose, haciendo todo lo posible por no hacer ruido, bajo lo que antes había sido una gran cristalera, pero que ahora era sólo un enorme marco vacío. Se levantó poco a poco, hasta que pudo asomar sus ojos al interior del edificio.

Dentro había restos de mesas y sillas tirados por el suelo, muchos escombros y una barra que aún resistía bien el paso del tiempo. En el otro extremo, asomando por el marco de una puerta que daba al exterior, empezaba a atisbarse la cabeza de Doug. Viendo que no parecía haber nadie en esta zona, le hizo gestos para que entrara, para después levantarse por completo y pasar él también al interior.

Se reunieron los dos cerca de una puerta que daba a lo que debió de ser la cocina. Poco después el chico entró por la entrada delantera.

-Qué, piltrafilla ¿has pispado algo por la parte de atrás? -preguntó Doug.

-Nasti de plasti.

-Bueno, pues sólo nos queda un sitio -dijo Garth mientras señalaba a la puerta de la cocina con su espada.

Avanzaron cuidadosamente, en fila india y con las armas preparadas. La cocina era bastante grande, había una puerta destartalada en la pared izquierda y otra grande metálica, que debía dar a lo que fue la cámara frigorífica, en la derecha. Algo llamó la atención de Garth, que mandó parar a los demás.

-Algo se ha movido -dijo entre susurros-. Al fondo. Se arrastraba por el suelo, muy rápido. Detrás de aquella estantería.

Doug asintió y avanzó dando un rodeo por la izquierda con la escopeta preparada. Garth progresó asimismo por la derecha, mientras le hacía gestos al chico para que se quedara donde estaba y vigilara.

Repentinamente la estantería a la que se dirigían salió despedida estrellándose contra el joven y dejándolo atrapado. Una criatura viscosa y de un color rosado, de la que salían varios tentáculos, y que tenía una especie de pico prominente en la cara, se encontraba frente a ellos. Doug realizó dos rápidos disparos con su escopeta, pero la criatura se movió a una velocidad asombrosa y fue capaz de esquivarlos mientras se abalanzaba sobre él. Antes de poder reaccionar, uno de los tentáculos impactó contra su cuerpo, lanzándolo contra la pared, donde quedó inerte. 

Garth descargó entonces el cargador de su pistola contra la mutación, pero aunque todas la balas dieron en el blanco, eso solo pareció enfurecer a la criatura. El curtido pandillero cambió de táctica y sacó su espada, cargando enfurecido. La mutación emitió una especie de crotoreo con su pico, y con un rápido latigazo de uno de sus tentáculos lo desarmó, mientras que con otro agarró su cuello.

La presión sobre la garganta de Garth empezaba a ser demasiada y su cuerpo empezaba a flaquear, cuando sorpresivamente algo empujó a la criatura, haciendo que soltara a su presa.

El joven pandillero se encontraba en pie, con la tapa de una cacerola de buen tamaño como escudo en una mano, y un machete de carnicero en la otra. La mutación intentó atraparlo también con uno de sus apéndices, pero su intento fue desviado por el escudo improvisado. Esto pareció contrariarla, y se echó hacia delante usando su pico como arma. El chico trató de retroceder, pero tropezó con una jarra rota, haciendo un rápido movimiento con el brazo para recuperar el equilibrio, con tan buena suerte que el machete se incrustó en la cabeza de la criatura, que avanzaba hacia él. Esta se empezó a mover espasmódicamente para acabar cayendo inerte al suelo.

-¡Qué bruto! -fueron las palabras que pudo soltar Garth antes de perder la conciencia. 

Cuando Doug abrió los ojos se encontró con sus dos compañeros mirándole con cara sonriente.

-Te dije que era duro -le dijo Garth al chico.

-¿No estamos muertos?

-Tenías que haberlo visto, si no llega a ser por él, ese bicho nos habría expugnado el culo a los dos.

-¿En serio? -Doug parecía contrariado-. ¿El ninchi se encargó de él?

-Sí. Y se llama Stephan, hoy se ha ganado su nombre.

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